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La caja de zapatos

Mayo.
Y como cada mayo, abro y miro esa caja que lleva detrás de mí más de 19 años.


Es una caja de zapatos, que ha ido cambiando de tamaño, de color y de contenido a lo largo de todo este tiempo que lleva cerca de mí. Empecé guardando cartas, un peluche y una flor de cristal.
En mi primer espacio alquilado, tenía derecho a usar el baño, la cocina y compartía la cama con la hija de los dueños, en la habitación de la tele. Podía tener dos pares de zapatos, un abrigo colgado y un mini armario para la ropa. En realidad, era el mueble de debajo del teléfono fijo. Tenía tres baldas, forma triangular y unas puertas que se abrían constantemente.
Fue usando ese mueble cómo aprendí a doblar la ropa.
Era tan pequeño, que sólo podía meter la ropa doblada de una cierta manera.
Era tan incómodo, que el mínimo centímetro debía ser aprovechado, aunque era físicamente imposible.
Y tenía esas malditas puertas que siempre se abrían y si alguna camiseta estaba mal doblada, la dueña de la casa tiraba todo el contenido del mueble al suelo y me pedía poner orden. Y su manera de pedir, era horrible. Yo tenía 14 años.
A día de hoy, tras 14 mudanzas, a diferentes casas, ciudades y países, con o sin dueño viviendo en la misma, con compañeros de piso o de cama, veo que no sólo aprendí a mudarme cada vez con más facilidad, sino que también llevo detrás esa caja de zapatos.
En algunos momentos, era un baúl. Ahora aprendí que los recuerdos se llevan a la vista. Ya no cubro mis cicatrices.
Pero, el contenido de esa caja de zapatos, seguirá, aunque yo ya me haya ido.
Hace ya 10 años desde aquel Mayo en el que quedó sólo una caja de zapatos tras donar todas las cosas de mi compañero de piso. Falleció en un terrible accidente, con sólo 23 años.
Y todo lo que quedó, fue una caja de zapatos. Con una nota que dejó el día que falleció. Unas fotos, unos documentos y un mechero.
Hace ya 6 años desde aquel Mayo en el que se fue la que más cariño me dio durante mi infancia. La que me enseñó a respetar a los animales, a amar la lectura y a vivir sin escuchar el qué dirán. Mi abuela María. Mi Ángel de la guarda.
Mayo y sus lágrimas.
Pero Mayo también es alegría y felicidad!
Hará 3 años este 27 de Mayo, desde que me casé con el hombre más paciente y testarudo que conocí. El que me cuida y me apoya. El que siempre está preguntándome qué tal me encuentro y si estoy bien.
Hace 2 años desde aquel Mayo en el que sentí mariposas en el estómago. Las primeras patadas de mi bebé.
Ya te imaginarás qué tengo en la caja, ¿no?


Tengo pedacitos de mí. Trozos de cada Mayo de mi vida.
Algunos duelen tanto, que están en el fondo de la caja.
Y otros, ni me acuerdo que los tenía.
Algunos parecen de otra persona.
Y otros, serán lo que mis hijos mirarán en unos años, y se acordarán de abrazos y risas.
A no ser que hayas hecho algo realmente extraordinario para cambiar el rumbo de la historia, a los 200 años después de tu muerte, serás olvidado por completo.
En algún lugar, estará tu caja de zapatos, cubierta de polvo, llena de lo que tú pensabas que era importante. Algunas cosas durarán para siempre.
Otras, se irán contigo.
No dejaré de llevar mi caja.
Pero cuidaré más su contenido.

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